Durante el periodo ocupado por la
Guerra Civil Española y la posguerra, la marcha procesional se había caracterizado por una marcada tristeza y seriedad, sólo roto de manera muy tímida, en alguna obra concreta. Pero la aparición en el panorama musical sevillano de
Santiago Ramos Castro en
1953 supuso la recuperación del estilo de López Farfán, y lo hace con la composición de la marcha «Virgen de las Aguas». En adelante serían cada vez más los que recurrirían al estilo «farfaniano»” a la hora de componer música procesional.
Esto en cuanto a lo que a
Sevilla concierne, ya que en el resto de
Andalucía no se produciría la aparición de marchas de este tipo hasta bien entrada la década de los años ochenta, también, salvo excepciones. Mientras, la marcha procesional experimenta un desarrollo nunca antes visto, apareciendo nuevamente, la figura del músico militar, como el ya tratado
Pedro Gámez Laserna o como
Juan Vicente Mas Quiles. Quien, tras pasar por la ciudad hispalense, recala en
Valencia sin dejar de firmar partituras religiosas.
Otros nombres salen a la palestra, como el caso de
Pedro Morales Muñoz. A este periodo se la ha denominado la Edad de Oro de la marcha procesional en contraste con el sombrío periodo anterior. wikipedia
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